lunes, 11 de agosto de 2014

Tomé

...los libros que tenía elegidos de la vez anterior y caminé hacia la caja.
La música clásica del lugar se me mezclaba con la de los auriculares y cuando me di cuenta que ella me estaba repreguntando si me podía ayudar en algo, alcancé a contestarle que no, que gracias. En ese momento apareció desde los estantes un hombre joven y anticuado y en un tono muy amable me preguntó lo mismo; le respondí que no, que lo mismo, a quien supuse sería el dueño.
Norman la subestimaba: por su modo de actuar entendí que reprobaba el modo de ella de abordarme y me pregunté si sería nueva. Parecía tímida y obediente; era flaca, tenía una nariz grande y el pelo un poco corto, los labios apretados desde las mejillas y las tetas salientes un poco bajas y hermosas. Se trataban de un usted que me perturbó e imaginé una relación laboral abusiva más que de respeto.
Norman después de confirmar los precios de los libros que me llevaba le dijo a ella con voz nasal que subía al entrepiso. Y subió a encontrarse con la voz de su madre muerta.

Tenía no más de 8 años cuando mi madre me explicó el sentido del feriado del día de los muertos y otros asuntos sobre la muerte y sus rituales. Enseguida fui a preguntarle a mi padre si conservaba el esqueleto de su madre. Como respuesta me mandó a la puta que me parió y yo me reí, como para darle a entender que no era en serio la pregunta y que su puteada no me ofendía, aunque creo que solo conseguí hacer más siniestra la situación. Años después conocería Psycho, Hitchcock, el thriller psicológico, Freud y la teoría de Zizek sobre los pisos de la casa de Norman Bates, pero recién ahora me golpea con fuerza recordar el episodio y atar esos hilos. Ha de ser una fantasía común a todos los niños el deseo que nuestros padres no se mueran nunca, o mejor: dotar de vida eterna al que elegimos no matar. Reconozco mi miedo de niño ante la posible muerte de mi madre y mi curiosidad por saber si a mi padre también lo había inquietado esta cuestión con la suya...

No sé si pensaba en esto mientras ella me hacía la factura. Creo que la ficha me cayó más tarde mientras iba por la calle porque en ese momento no pude pensar en nada, ella me había fascinado y quise decirle algo pero no pude, ni un desesperado halago que rumié demasiado y se me pudrió en la boca, ni una invitación para fotografiarla (e inmortalizarla, oh no) ni nada.
Me alcanzó su mano ofreciéndome la bolsa con los libros y cuando levantó los ojos me sorprendió mirándole las tetas.

martes, 5 de marzo de 2013

Reflexión sobre "Argumento contra la existencia de vida inteligente en el cono sur" (2)


Después de un intercambio de mails muy interesante con Santiago Sanguinetti, autor de "Argumento contra la existencia de vida inteligente en el Cono Sur", pego una parte de un mail en que creo explicarme un poco mejor acerca de la obra.


"(...) las opiniones, las más duras especialmente, son hechas con el apasionamiento que estos temas causan. Es cierto, creo que hay algunas que les cabe la palabra "despectivas", pero no están dirigidas hacia vos como persona (te pido disculpas si así lo parece), si no hacia la obra, fui especialmente cuidadoso en ello cuando lo escribí; no uso a la obra como una especie de velo (la describías como algo "transparente") para atravesarla con acusaciones dirigidas hacia tu persona, así como no soy una vieja que se va asustar por una obra que intente comprender el pensamiento nazi, al contrario, a priori me parece interesante (de hecho creo que los personajes de "Argumento..." tratan un poco sobre el fascismo).
El "diálogo picado" (sinceramente no sé si ese mote lo usa alguien más que unos ex compañeros de teatro y yo) creo que es algo fácilmente reconocible, es ese recurso que le da un ritmo "artificial" a la escena, en que la respuesta se dispara antes que la frase haya terminado de ser escuchada por el personaje y por el público, y a veces genera un crescendo bastante molesto al replicarse aceleradamente. Me consta que a veces es algo marcado por los directores, y otras veces se vuelve un vicio, como si los actores se quisieran sacar de arriba las líneas y escupirlas cuanto antes. Creo que esto le resta "verdad" (no realismo como estilo) al teatro porque genera un quiebre entre los personajes, como si se rajara el piso entre ellos, y entre el escenario y el público; quizás algunos lo hagan buscando crear un retraso entre el ritmo de escucha del público y el desarrollo de los díalogos, lo que da una sensación de dinamismo pero de dudoso contenido.

Esto sí me parece algo más bien estético ¿es mejor la verosimilitud en los actores? ¿qué pasa si lo que se quiere crear es un clima de irrealidad o de incomunicación? Quizás la obra juegue con esto, pero lo que no comparto es que persiga únicamente un fin estético, y aunque así fuera esto no impide que sea objeto de crítica. Creo que tiene discursos políticos y estéticos; los apolíticos podrán ser los personajes pero no la obra.

Intentando sintetizar un poco las ideas que me quedaron en el tintero. Supongo que vos notaste que ambas interpretaciones sobre el discurso político de la obra eran posibles (¿será un discurso derechista que ridiculiza a la izquierda, o uno izquierdista que critica a sus correligionarios?), y que decidiste jugar con ellas a costa de tener que hacer una cruzada explicativa por varios medios, pues estas dudas se extendieron, aquí si, hasta tu persona (¿será un derechista o un militante de izquierda?). Es interesante problematizar sobre esto, y pensar si esa tarea "curatorial" le corresponde al dramaturgo y si lo define como tal, o redefine su obra. Sigo dolorosamente convencido de que la actitud exhibicionista de los personajes ridiculiza el papel de la izquierda pasada y presente, y es un guiño claro hacia la derecha; pero ahora creo entenderlo desde otro lado. Me explico.

Creo que el contenido político de "Argumento..." se define por el público y su diversidad. Vos decís que el mensaje es "desde la izquierda y para la izquierda", quizás con esta mentalidad fue concebida la obra (leí en Brecha que "Argumento..." nació en Barcelona, como una pequeña obra de 10 minutos teniendo como punto de partida "el terrorismo") pero hoy en día la pueden ir a ver los que quieran, por lo tanto se convierte en "desde la izquierda y para todos (o casi)". Y quizás sea este el motivo que dé lugar a tantas especulaciones, porque dentro del espectro político general (o de la Zavala Muniz) esta obra en particular adquiere un poder discursivo muy distinto al que podría tener en Barcelona, en un comité de base del partido comunista, o en el cuplé de una murga. Entonces el dónde, o sea el "para quién" se vuelve parte del discurso político, porque alguien eligió ponerla en ese lugar.

Alguien me podría decir: "pero si te considerás de izquierda y entendés que el dramaturgo la quiso criticar en una bien, ¿qué te importa lo que la derecha opine al respecto, si estás en desacuerdo en casi todo con ellos?" Bien, el tema es que cuando la izquierda habla de política creo que la entiende como una totalidad, así como no existe la justicia social para unos pocos, la derecha también debe ser contemplada para los cumplimientos de los deberes y el goce de los derechos que plantea la izquierda. Por más que haya sido hecha desde la izquierda, el discurso político "de izquierda" se quiebra al no contemplar la lectura contraproducente y obvia de la derecha, servida en bandeja, como lo muestra la editorial de El País. O el discurso es un claro autoboicot poco inteligente, o no es de izquierda. Hecho desde la izquierda o no, a la derecha poco le importó porque el discurso es funcional a sus intereses. Entonces, ¿qué pasa con ese discurso? ¿cuál es su sustancia? ¿sigue siendo de izquierda porque haya sido escrita por un dramaturgo de esa ideología? ¿se vuelve autónomo?

Creo que el discurso de "Argumento..." se distancia muchísimo de ser una crítica constructiva para la izquierda, pero no a causa de El País, si no porque funciona como una herramienta cómoda para la derecha, por lo pronto como un "argumento" para llenar una editorial que prácticamente estaba escrita. El discurso de la obra opera prácticamente igual que sus personajes; "Argumento...", como bien te dijeron, "se explica sola", tiene vida propia y no creo que haya explicación posible por fuera del lenguaje del teatro que modifique su discurso político.

Aclaro nuevamente que la crítica es hacia esta creación puntual, y no se hace extensivo a tu persona, ni mucho menos. Como te dije creo que compartimos muchos puntos de vista, y me sorprendió bastante al verlo en la entrevista de Brecha, pero poco, o casi nada, sobre el contenido de la obra y sus discursos.


Un abrazo."


lunes, 4 de febrero de 2013

Reflexión sobre "Argumento contra la existencia de vida inteligente en el cono sur"

4 amigos, dos parejas, personajes pastiche de estereotipos de la juventud de izquierda más naif y new age, se proponen realizar masacres en Montevideo, Santiago de Chile y Buenos Aires. ¿El motivo de la matanza? Porque sí. Porque la obra está concebida en un universo en el que el conocimiento de arte, política y ética, es perfectamente compatible con la práctica catártica tipo Columbine.
La reflexión que da uno de los personajes al final, intentando comprender lo que estan a punto de hacer (es manifiesto que la acción precede al pensamiento), es que como son hijos de un "mundo estúpido", ellos padecen la misma condición y operan como tales. Es más, en un arranque extrañamente lúcido, se proponen continuar el legado estupidizante razonando del siguiente modo: hay que hacer un retroceso primero (matanza en la Facultad de Humanidades) para lograr luego un progreso (revolución dadaísta, socialista, o la que fuere, sus fines son todos y a la vez ninguno). Deben darle a sus hijos un "argumento contra la existencia de vida inteligente en el cono sur" para moverles el piso.  No importa que haya más política en la canción "5 amigos" de Pibes Chorros, que reproduce el pensamiento del chorro de barrio ("somos 5 amigos chorros de profesión, no robamos a los pobres porque no somos ratones"), que en el accionar de estos personajes encastrados en un inverosímil contexto universitario y supuestamente intelectual; pero sigámosle el juego al dramaturgo.
La desinteligencia es clara: las matanzas que se proponen realizar posiblemente terminen siendo la causa de una legislación más represiva, o hasta de un golpe de estado de derecha (de hecho ocurrió en Paraguay) pero no lo vemos en la obra. Incluso este podría ser el objetivo inconsciente de los 4 amigos autodeclarados de izquierda: erigir un estado-padre represivo en un infantil llamado de atención...

Pero manejándonos dentro del plano consciente, acá uno podría decir: claro, la reacción violenta a una estructura violenta dada (no dadá) puede aniquilar cualquier intento por comprenderla, sobretodo hoy cuando la estupidez se vuelve ubicua, y por lo tanto no está ausente en ciertos lineamientos de la izquierda hoy en día hegemónica del poder político (a diferencia del fáctico) en latinoamérica. Es decir, la reacción violenta apolítica a nivel micro puede disfrazarse de praxis filosófica. Dioniso se nos disfraza de Apolo, la pulsión de muerte del eros; así que guarda con eso.

Está bien, podría ser.

Pero ¿y si no? 

¿Y si la obra operara de un modo tan estúpido y contraproducente como sus personajes?

Una de las cosas que se manifiesta en la obra es la escasa reflexión y la hipocresía de las letras de Calle 13, banda premiada por el establishment de la industria musical de EEUU con 10 Grammy Latinos y 2 Grammy. Es claro el porqué cuando escuchamos a René cantar "adidas no me usa, yo estoy usando adidas", uno bien podría decir: andá a cantárselo al vietnamita que te los hace, seguramente te los haga con doble costura. O la frase que le da el título a la canción "calma pueblo que aquí estoy yo, lo que tu dices lo digo yo": esta prédica le da un papel central a su figura, una especie de médium entre el pueblo (esa cosa bulliciosa y fuera de cauce) y sus fines. El "pueblo" podrá retrasar su indignación, su ignominia, y descansarse en el artista que hará que la voz del pueblo se escuche por encima del ruido. Es decir, el "calma pueblo" puede operar como un discurso tan alienante y ficticio como el de un pastor pentecostal.

Supongo que para el dramaturgo Calle 13 es una banda demagoga e hipócrita, encontrará que los discursos de la banda no se corresponden con su práctica en la industria musical, pensará que juegan para la tribuna, pero el problema es que "Argumento..." no es menos. La diferencia es que juega para el palco. La inverosímil verborragia de los actores, ese cáncer del teatro apodado "diálogo picado" que crea una desincronización entre la escucha externa y las líneas que se suceden sin pausas, y la continua mención a los clichés intelectualoides, busca la risa y el chiste con la tribuna, en una operación que le cabe perfectamente la palabra demagogia; pero una mas cool, claro. Y resulta más alienante, porque se aleja muchísimo de las cuestiones de fondo que causan toda esa variedad de rebotes, dentro de las que se encuentran tanto inquietudes sensatas como demagogias baratas.

viernes, 26 de octubre de 2012

Está claro que

Y llegó el día en que la suma dio positiva. Números verdes. Después de pasar raya vio que, por karma o por azar, era feliz. Un lujo. Miró a sus semejantes, en la misma mesa, los de enfrente y los de costado, otros posibles él, y se sintió satisfecho, o aliviado... o extrañamente hambriento. La costumbre le hizo cuestionar por qué no ir a por lo otro, por la zona negra del mapa por descubrir, que él -lo sabía- llenaba de ilusiones.
El cavernícola aprendió su insignificancia a palos, y cuando quiso sacarle el ciervo al león aprendió a manejar el hambre. Pero aprendió a reprimirlo primero, y a contar ciervos de noche, en lugar de ovejas.
Pero quien saltaba la valla ahora no era otro que él mismo en potencia, es decir, alguien completamente distinto... ahí se dio cuenta que de alguna manera sus infinitos yo, los peores y los mejores -así los ubicaba, de manera escalonada-, de alguna manera se cancelaban, y él -lo sabía- no podía decir que estuviera en la mitad de la tabla, sino un poquito mas arriba. No, bastante más arriba, pues al emprender los cambios estaba potenciando la ubicuidad de la muerte.
Y más vale quieto y vivo, que vivo y muerto... o algo así, pensó.

martes, 2 de octubre de 2012

Tocá

Tocate, tocate... pará, no, tocate esa... ¿Cómo es? Un enano y un maleante, se convierten en amantes, conspiran y matan mutantes.

jueves, 27 de septiembre de 2012

martes, 5 de junio de 2012

El hombre del traje gris.



El tipo, al verme venir, corrió la punta de su saco que invadía mi mitad del asiento doble.
- Si, ¿no viste como estaba en pizarra hoy el dólar? Pasa que en Brasil subió mucho entonces también acá va a seguir subiendo...
Paré la oreja. Tenía que comprar dólares al otro día para comprar un aparatejo; se me ocurrió que podría cambiar algún peso más y sacarle algo de rédito a la charla -o monólogo, para mí- (luego de pensar sobre esta ocurrencia me sentí muy mezquino y se me ocurrió que quizás fuera la excusa perfecta que precisaba para escuchar atentamente una charla y no sentirme un fisgón... pero en fin).
La voz del hombre resonaba en el óminibus; pausada, algo afeminada, hasta familiar. "Un porteño" pensé, y lo miré de reojo. La palabra "Business" y otra que no pude distinguir titulaban el libro que sostenía contra su falda, "third edition" decía en la parte de abajo, lo que de algún modo legitimaba su misterioso contenido y a mi misterioso compañero de asiento de ómnibus.
- ¿QUÉ?... ¿Pero cuando se hace operativo eso?... Ah.... ¿Cuántos puntos? -chasquéo la lengua- Ah, no, no es nada, por más que el IVA baje el dólar va a seguir subiendo... Si, pasa que la cantidad de operaciones en dólares....

Se me hizo muy difícil entender lo que dijo después y me distraje, incluso es posible que esté cometiendo algún error al transcribir sus dichos de memoria. Miré hacia la ventana, a mi derecha, y disimuladamente pude ver su perfil. Rondaría los 35 años, vestía un saco gris y corbata amarilla. Un yuppie tipo.
- Acá bien, pasa que la gente anda como loca en la calle porque hace unos días mataron a un hombre en La Pasiva. Horroroso, mamá.
A mí, que me pone muy incómodo mantener conversaciones en voz alta en los ómnibus ya sea por celular o en vivo (y más con la vieja), me despertó algo cercano a la admiración la falta de vergüenza del hombre.
- Hubo muchísimos robos esta semana y la verdad que la gente está harta. Ayer se juntaron dos mil personas a reclamarle al gobierno, mamá. Porque los están matando. Los están ma-tan-do.

Lo miré nuevamente. Quizás me equivocara pero a juzgar por la cantidad de frases hechas no parecía el tipo de persona con una opinión muy elaborada del tema, que en esos días ya estaba en boca de todos... Imaginé que con suerte el contacto más real que había tenido esta persona con los asaltos había sido la baja en algún indicador X muy determinante para las inversiones en locales gastronómicos y de algún modo muy importante para su bolsillo.
- Si.... si, mamá, lo que vos quieras p... .. no, no...... pasa que... ¿otra vez con el dis-cu-rsito-de-siem-pre?...
Entendí que la madre no estaba de acuerdo con él. Me quedé sin saber si era porque creía exagerados los dichos de su hijo o porque era partidaria de tomar medidas tan drásticas que despertaban su indignación.
"- ¡Que hay que matarlos a todos, te digo!
- ¿Otra vez con el discursito de siempre?"
Podía ser, pero no...
En ese momento mi pintoresco compañero de asiento levantó un poco la voz. Lo que dijo a continuación fue lo que me decidió a escribir sobre el episodio, decidí anotar la frase para que no se me olvidara.
- Pasa... lo que pasa, mamá, es que hay una mala consección (sic) en todo esto y es que el gobierno si no da garantías... Si... si, Bonomi.... además ¿vos viste lo que dijo la mujer, no?

Cerré los ojos y me dejé llevar por el traqueteo del ómnibus. Los asuntos de la agenda binacional fueron pasando como las paradas, Topolasnky, Rodó y Requena, Jorge Batlle, Rivera y Ponce, el dragado del río... El tipo era un flash de noticias, estaba seguro que si me despegaba del asiento lo suficiente podría haber visto a Traverso o a Fernando Vilar en el fondo de sus pupilas pensándolo, y mi compañero siendo pensado, complaciente y ausente a la vez.
- ¿Y que me decís que a Boudou lo encontraron culpable?... Por enriquecimiento ilícito, no se, pero parece que hizo un montón de plata.... No, no, ahora es el vice de Cristina, mamá... Es tremendo, mamá. Si... y hablando de todo un poco hoy me corté el pelo.
"La nota de color, para al final", me dije, sonriendo irónicamente. La siguiente era mi parada, me paré y aproveché a darle una última mirada no ausente de desprecio al objeto de mis razonamientos y prejuicios.
Me bajé del ómnibus, sintiéndome un poco hijo de puta.

domingo, 27 de mayo de 2012

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En estos tiempos de accesibilidad infinita al consumo de libros, revistas, series, y demás, se hace necesaria más que nunca una enorme rigurosidad a la hora de decidir a qué le vamos a dedicar nuestro precioso tiempo finito. Eso, o ser sepultado por el torrente de posibilidades, de hiperinformación.

martes, 24 de enero de 2012

Yes I am.

Soy un yuppie. Y doy asco.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Se mira y no se toca.

Cuando camino por el centro y es de tarde, se me da por pensar en la tristeza de los locales. No por los más olvidados y mugrientos (los muertos), sino por los que parecen recientemente abandonados o en un estado de semiutilización confusa. A esa hora, con el sol tan de costado peleando con la luz muerta de adentro, se me ocurre que es muy fácil empatizar con el local y sentir la disposición del mobiliario como algo asfixiante que quiere dejar ver, todavía, el ventanal. Por más que esté del lado de acá siento ese olor sofocante y cargado de los cuadros de De Chirico. En ese momento me vienen algunos recuerdos: una extinta galería del Salvo, los paseos infinitos en ómnibus, el resplandor de las luces y el magnífico chivo de luz. Las publicidades creo recordarlas más adustas y las letras más filosas: la del kiosko veintidós siempre me dio un miedo terrible por sus vértices de uñas de bruja, sobre el final del recorrido; recuerdo también su antítesis, la de coca-cola, que nos sonreía a todos maternalmente, hasta con dientes prestados de símbolos desconocidos. Ahí fue cuando me di cuenta que los números, así como las letras, tienen caras; y que letras tiene cara de tipo inteligente y como tiene cara de tonto. Otro recuerdo importante son los viejos: durante el viaje de vuelta este pendejo laico, privado y obligatorio, quedaba encantado por el gesto osado, por el perturbador dibujo en el aire de los que se persignaban, que se me hacían todos muy viejos. Un día se me dio por contarlos para hacer el viaje menos aburrido, el conteo no se reiniciaba nunca y siempre me acordaba la cifra de la tarde anterior; llegué a mas de cien, hasta que un día perdí el interés (me lo habrán explicado, supongo) y después la cuenta.

Así como perdí aquella cuenta también pierdo esa sensación del recuerdo, de vuelta en la calle, distraído por una mujer que justo cruza la calle hacia un portal y que en un rápido gesto libera un manojo de llaves del bolsillo trasero del pantalón. O por el sombrero peludo de una señora que sale encantada del Galpón y hace puerta y socializa con otras viejas de sombreros peludos mientras se fuman un cigarrillo, mientras se convencen de que el desnudo del final fue algo absolutamente necesario. O por alguna mujer inquieta frente a una vidriera que intenta retener marcas, precios y cuotas, y que por su palpable excitación uno la supone recién casada y ávida de electrodomésticos y cosas.
Pero volví a eludir el tema, decía que pierdo fácil esa sensación de las tardes de la niñez, y que escribiéndola y reescribiéndola posiblemente la arruine del todo pues la escritura me obliga a repensar lo sentido, construyendo miserablemente cosas sobre las ya levantadas. Luego, en un intento confuso no sé si por inmortalizarla o por exorcisarla y en respuesta a la formalización de la mente adulta, me convenzo de que la terminaré escupiendo del todo cuando termine de escribir esto, para no dejarla volver, para no seguir confundiendo las cosas.
Aunque después se me ocurre que aún así seguirán presentes, que la voluntad y el convencimiento en este tipo de cosas no existe, y que a ese subterfugio solamente se entra y no en cualquier momento. Se me ocurre que voy a seguir cautivo de las tardes, los colores, y la soledad del centro, buscando esas correspondencias sin saberlo. Y que la próxima vez que pasee por esa esquina voy a aguantarme las ganas de entrar en esa empresa de viajes de nombre fantasma para irme a pensar en estas mismas nostalgias desde la selva misionera o desde el desierto santiagueño.

martes, 18 de octubre de 2011

Buenos Aires no es París, París tampoco.

Este texto me quedó rezagado bajo el innoble rótulo de "borradores" en el blog, hace unos meses que está escrito pero noté uno dejo panfletario que quería evitar y lo abandoné; lo publico ahora para no dilatarlo más, no tanto porque haya tenido éxito en corregir las cuestiones de estilo.


 



"¿Y si esto no es así? ¿Y si el hombre no es un ser miserable, o, al menos, no todos los hombres? Entonces habría que admitir que estamos sometidos a los prejuicios, a los temores vanos, y que uno no debe detenerse demasiado a cavilar ¡Obrar: eso es lo que hay que hacer!"

Rodion Raskolnikov, personaje de "Crimen y castigo".




"Pensá de que te sirvió tanto pensar, antes de que se termine"

Vándalos desconocidos.



La semana pasada la escultura de Auguste Rodin "El Pensador" ubicada en la Plaza del Congreso en Buenos Aires, se vio traumáticamente modificada. Ésta obra, fechada en París hace mas de cien años, es una de las tres réplicas hechas del molde original y la única ubicada en el hemisferio sur del planeta, las otras se encuentran una en Filadelfia y la otra en París.

La noticia del hecho fue difundida en todos los portales como una nota "de color" con un matiz amarillesco: por un lado fue sorpresa para la mayoría enterarnos de haber tenido una obra valiosísima ante nuestras narices (así como al mismo tiempo fue un hecho frustrante perder este indicador de status ante los ojos del mundo) y por otro lado se explotó mediáticamente la ya conocida indignación por la constantefaltadeseguridad del tipo "así nos ven en el mundo", "qué país poco serio", y un largo etcétera.

Pero dejemos este escenario un segundo y pensemos, ¿qué es lo pasa hoy en Europa? ¿Por qué en Londres la turba, señalada convenientemente por los medios locales (¿existirá todavía tal cosa en un mundo hiperglobalizado?) como unos sádicos, desprovistos de todo motivo racional o ideología, saquea comercios y se disputa el poder en batallas campales, o mejor dicho, burguesas, contra la policía? ¿Qué pasa en España que socialistas y conservadores acuerdan sin más recortar el gasto público en detrimento de la mayoría y de los menos pudientes? ¿Qué es lo que pasa en toda Europa que expertos técnicos y políticos, de derecha tanto como de izquierda, parecen decididos a seguir sosteniendo teorías económicas obsoletas y a doblegar soberanías para imponer el predominio del "bien mayor"? (Nietzsche, creo yo, suscribiría cínica y fervorosamente a este uso del neolenguaje; vería que tras de este tipo de expresiones se esconden los pocos, los unoporciento, los mejores, los veraces).

En la pintada a la escultura creo ver algo sano, intempestivo como un escupitajo en la cara, sí, pero sano en contraposición a un arte que convalece junto a los individuos que, en otro espacio y en otro tiempo, fueron los encargados de legitimarlo. La forma que se le da a este tipo de noticias intenta negar, intenta ocultar bajo la alfombra (mediante la explotación de la vandalización) una irrupción, un síntoma de un problema más hondo que involucra, en este caso, a la identidad latinoamericana. Si las expresiones de nuestra regionalidad, de nuestra excentricidad son aterradoras cuando atentan contra la cultura madre europea, mucho más lo son en momentos que el objeto de nuestra mirada convalece.
Bien puede ser que la pintada no tenga pretensiones artísticas, no es esa la cuestión; de todas maneras no sería apropiado decir que expresiones como el vejamiento de la escultura de Rodin hecha por unos vándalos ignorantes (en contraposición a un sapiente, lo que nos lleva a la verdad, lo que no nos lleva a ningun lado... palabra poco seria, señor redactordenoticiasserias, no la use más) sean menos valiosas que un trozo de cemento moldeado en la otra punta del mundo.

lunes, 22 de agosto de 2011

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Bajé hasta la heladería y miré. Estuve un rato esperando, pero ella no apareció. Mientras fruncía las cejas en un intento por ver más lejos que los semáforos, empezó a sonar a lo lejos un tema de La Hermana Menor. Disfruté mientras lo tarareaba bajito y esperé un poco más, hasta que finalmente me dije que no vendría, no hoy; por lo que di media vuelta y caminé hacia la puerta del edificio.
Al mirar hacia la profundidad de la calle oscura que atravesaba la avenida, descubrí que la música provenía de una vieja radio que sostenía agarrada del asa ese personaje conocido como el Tussi. Me acerqué a corroborar mi impresión y sí, era efectivamente él, cantando arriba de la versión instrumental de una canción. Iba caminando lento, un poco por la calle, otro poco por la vereda, adentrándose en la calle oscura; venía desde la avenida y parecía sin rumbo. Me extiendió el brazo que sujetaba la radio, ofreciéndome una mejilla. Nos saludamos y se puso a contarme las ventajas acústicas que ofrece cantar solo en la calle, algo que involucraba el asfalto y las copas de los árboles que no pude retener.
En seguida se nos unió un tipo de capucha, se colocó al otro lado y después de saludarnos a ambos, ofreció un porro ínfimo. Lo tomé con mucho cuidado y después de darle una larga pitada lo pase hacia mi izquierda. El Tussi, sonriente siempre, dejó ver sus dientes separados algo ennegrecidos y le dio la última pitada sujetándolo casi con las uñas, sin dejar que los labios toquen siquiera el minúsculo porro que se apagó lastimosamente segundos después. Él, sonriente siempre.

Habíamos llegado a una altura de la calle que estaba copada por transeúntes, los autos avanzaban lentamente por la angosta calle. Me creía bastante conocedor del barrio, por lo que me llamó la atención no haber reparado nunca en este extraño tramo de la calle habitualmente oscura: a lo largo de una cuadra se habían colocado en una extraña sucesión bares, locales bailables y algunos antros oscuros que a todas luces parecían prostíbulos. Todos se agrupaban de manera reducida, como si fuese una zona muy codiciada por los propietarios y éstos hubiesen resuelto de común acuerdo reducir al mínimo el tamaño de los locales para poder entrar todos; los locales menos lucidos quedaron instalados sobre otros, lo que resultaba siendo una larga serie irregular, pero muy vistosa, de pequeños balcones levemente torcidos y precarios y puertas a las que había que acceder haciendo uso de unas pequeñas escaleras verticales; la presencia de carteles luminiscentes también era notoria y resultaba muy cautivadora. Todo esto a lo largo de la corta cuadra, más allá o más acá era oscuridad y silencio. Y mucho más acá, la avenida.
El Tussi tras haber prendido un cigarrillo, estudió la puerta de un boliche unos segundos y decidió entrar, pero antes me miró a los ojos y con tono burlón me hizo una pregunta perturbadora: “¿Así que vos sos ‘creativo’?”. Me quedé pensando unos segundos y me sentí un poco idiota por no entender la pregunta. Como respuesta balbuceé algo tan ambiguo como incomprensible.
Me quedé pensando en la pregunta, viendóla desvanecerse con el humo; pensé en la creación, en su imposibilidad estricta, en Lavoisier... en seguida noté la presencia de una mujer y mi mis pensamientos se disiparon. Estaba en la fila acompañada de una amiga. Cuando digo noté quizás debiera decir que la peché porque la entrada al lugar era muy angosta y justo al lado de la security-girl que escondía la puerta tras su escueta complexión, empezaba una fila que doblaba en seguida a efectos de no extenderse hacia la calle. Ella se cubría graciosamente la cintura con el brazo izquierdo; sobre la muñeca descansaba el codo de su otro brazo cuya mano aprisionaba un teléfono, mientras se acariciaba distraídamente la mejilla con el dorso. Miraba con ojos felinos, utilizando de a ratos a su amiga como escudo humano de mis miradas; pensé que sería inútil intentar algo o forzar la situación, me había visto, por lo que en un segundo se decidieron un montón de cosas que no consideré necesario aclarar.

Pensé que lo mejor sería volver hacia el edificio, a lo mejor en todo este rato ella ya había llegado y me estaba esperando, impaciente, desarreglándose el pelo con la mirada ausente o frunciendo las cejas intentando verme venir desde más allá de los semáforos.

(Adentro del lugar, según dicen, habían instalado un laberinto hecho de chapas oxidadas y de enormes planchas de hierro sostenidas por tuercas del tamaño de puños. Al paso de las horas hubo quienes descubrieron que bajo varias capas de zinc oxidado se escondían, cada tramos regulares, compuertas que cedían fácilmente al girar una manivela colocada justo al costado. En algún lugar protegido por una de estas compuertas se celebraba una gran fiesta).

martes, 16 de agosto de 2011

Yellow 2.0

Tenía ganas de reescribir "Yellow" un cuento que hice hace unos años. Acá va.



Iba cruzando la esquina cuando lo invadió esa sensación de pertenencia que siempre le era un buen augurio: las luces, el ruido insoportablemente agradable de los motores, el olor a podrido y a tabaco que emanaba el bar; sintió el respirar de la ciudad como el suyo propio. Caminó hacia la parada movido por la promesa de unos tragos de alcohol y compañía. La vida que había llevado hace unos años había quedado atrás producto del caos. Aunque ella insistiría en llamarle destino. Se subió la capucha y se sentó a esperar.

Él la creía ya enterrada, muerta en su memoria, varios metros bajo tierra, pero no lo suficiente como para dejar de asomar en su cabeza. Ya estaba cansado de soñar con ella, desde niño que no tenía un sueño tan reiterativo: aquel ser pálido de extremidades filosas y ojos saltones. Este sueño, el de ella, tenía un efecto que persistía varias horas durante la vigilia, se veía llenar lentamente de una pegajosa melancolía que iba impregnando todo. La cuestión era que su inconsciente se esmeraba en mostrarle una imagen cada vez mas idealizada, insistía en mostrarsela de todos los ángulos posibles y pensando en complicadas situaciones que de la nada desembocaban en ella.
El colmo fue cuando le confesó con mucha vergüenza que había soñado con ella dándole detalles del sueño que ahora se le hacía tan ridículo, la vergüenza dio paso a la tristeza al ver como su sonrisa se deformaba en un espiral y él entendió con una mueca de amargura que le estaba hablando a su fantasma. 


Pero ese día no recordaba haber soñado con ella hasta que alguien por teléfono mencionó algo: la lluvia, una puerta alta de madera que daba hacia la calle, un balcón, un grito... Su amigo había dicho algo de un balcón, lo que desencadenó las asociaciones hacia el sueño. Un balcón. Pensó en cuan a menudo le suceden este tipo de cosas que hacen recordar un sueño si se pulsa el botón indicado, la palabra justa que tire la primer ficha para empezar las asociaciones. Después pensó en los otros, los que quedan sepultados gracias a que durante esas horas en que el recuerdo esta fresco e intentando cruzar la frontera de la conciencia, uno no se topa con nada que le sirva de vehículo.
Paró el ómnibus, pagó y se sentó contra la ventana.

El paisaje era el típico de un viernes de noche, personas yendo, viniendo y volviendo a salir. Gente hiperactiva: jóvenes, viejos, linyeras, conductores estresados; todos bañados por el mismo amarillo omnipresente de la noche. 


           The cars hiss by my window, like the waves down on the beach
Vio subirse al ómnibus un hombre calvo con su pareja, se ubicaron en el asiento delantero al suyo, atrás los seguían dos jovenes. No le fue dificil notar que estos últimos estaban borrachos, reparó en que uno de ellos llevaba vomitados los zapatos y parte de los tobillos, cosa que el guarda no notó o pareció no importarle. Sintió un poco de asco por esto, no por el vómito en sí, sino porque el estado etílico del tipo le hizo pensar en el sinfín de cosas que veía noche tras noche. Le resultaba dificil entender el "sí y sólo sí" de la expresión que tenían al alcohol y la diversión en sus extremos. De una diversión extrema terminar trenzado a piñas con desconocidos o tirado a la intemperie vomitando. Pensó con tristeza como veía todo repitiéndose: niños copiando modelos, comprando identidades hechas, consumiendo insaciablemente una infinidad de productos pensados fria y calculadamente por el mundo adulto.
Pensó en la idea popular del logro del bienestar mediante la evasión de la realidad, el logro de un bienestar que no es tal, sino ficticio y momentáneo; un logro mediante el abuso de drogas, cualquiera sea ella, desde un ansiolítico hasta un gramo de cocaína, era optar por facilismo, por el parche. La elección de la evasión antes que el afrontamiento del problema le parecía un acto de cobardía y un intento de evitar de lo inevitable: el enfrentamiento con uno mismo, con uno mismo desnudo, completamente desrotulado.
"Hoy, siendo tan fácil vivir encajado..." pensó.
"...el mas loco es el que vive de la jeta" continuó sin querer en voz alta.
El pelado se rió. La mujer no entendió.

Tuvo que admitir que en parte se veía reflejado en esas actitudes, hace años ese tipo podría haber sido él mismo y posiblemente cuando él hacía este tipo de cosas había otra persona que lo reprobaba con el mismo asco, o quizás con uno mayor. Realidad, bienestar, logro... palabrerío al pedo, pensó, chicanas del lenguaje, se está muy adentro del cosmos como para pensarlo; pero se ve como las piezas del puzzle cambian de forma, encastran con unas y después con otras, crecen, envejecen, se manchan, se cortan, se ennegrecen, se marchan.

51310. Levantó la vista del boleto y miró por el vidrio, en la radio una voz cantaba algo dulce con vocales falseteadas. De pronto sintió un hachazo helado justo en medio de la nuca. 


The creature in the sky 
got sucked in a hole
now there's a hole in the sky
and the ground's not cold. 

And if the ground's not cold, 
everything is gonna burn, 
we'll all take turns, 
i'll get mine too.

En la ventana lloraba una mujer, recostada en un muro. El semáforo obligó al ómnibus a detenerse, y la pudo observar con detenimiento. Tenía un buzo con el cierre semiabierto y una musculosa, con los hombros al descubierto. Las lágrimas le desfilaban hasta la pera, tenía los ojos grandes enrojecidos y de un brillante marrón claro. La cara no mostraba gesto alguno, demasiado orgulloso como para inmutarse por algo tan común como unas lágrimas. Parecía que estaba a punto de estallar de rabia dentro de sus mejillas, rojas por el frío. Las lágrimas le acariciaban la cara, como consolándola, diciéndole que el tipo no vale la pena, o vaya uno a saber qué.
Cuando arrancó el ómnibus la mujer giró de perfil y se frotó torpemente el brazo desnudo, justo sobre una marca de cuatro lineas rojas. Quedó mirándola boquiabierto, siguiendo con los ojos el trayecto inmóvil de la mujer, alejándose del ómnibus.
Volvió la cabeza. Sintió el boleto mojado de transpiración, preso en la palma de su mano, todo borroneado. Se manchan
, se ennegrecen.
El temblor del ómnibus al arrancar, empezó un escalofrío que le pegó justo en la espalda y se le dispersó por todo el cuerpo. Se acomodó en el asiento y buscó el boleto. Se marchan. No lo encontró, aunque no recordaba haberlo tirado.

viernes, 5 de agosto de 2011

Dicen que este blog es una cagada